Laura Vidal @esperameenelarcoíris

Desde niña te han gustado los animales, rodearte de ellos, por eso te has dedicado a los animales como técnico veterinario y auxiliar de clínica veterinaria. ¿Qué tenía de especial para ti estar rodeada de animales?

Los animales siempre han sacado a la luz mi mejor versión. He sido una niña tímida e introvertida pero siempre he sentido que con los animales podía ser yo misma. Han despertado en mi un instinto maternal que no sabía que tenía. Mientras otras niñas jugaban a cuidar muñecos yo jugaba siempre a cuidar animales, creo que a nadie le sorprendió que acabara trabajando como auxiliar veterinaria. Siempre fui muy sensible y creo que los animales me hacen sentir libre de juicios. Además los veo muy indefensos y creo que es nuestro deber protegerlos y no aprovecharnos de ellos como hace una parte del mundo.
 
 
Tus perros Galo y Minnie fueron tu constante en tu vida, siempre fieles y llenando tu vida de amor, 
¿qué recuerdas de ellos especialmente?

Ellos fueron mi vida, mi todo, durante muchos años. Me independicé y fueron el principio de mi familia. Cuando pienso en ellos se me ensancha el corazón. Galo fue un personaje como pocos, le dediqué el primer capítulo de mi libro «Espérame en el arcoíris» pero la verdad es que daría para escribirle un libro entero. Ser su mamá fue toda una aventura para ambos. Minnie sin embargo fue todo lo contrario, fue una locura que recomiendo hacer de vez en cuando. Fui a la perrera y pedí expresamente al peor perro que tuvieran, ese que nunca nadie se llevaría… y fue ella mi inspiración para escribir mi primer libro. Por supuesto, supongo que se equivocaron pues me dieron el mejor perro que pudiera soñar. Cuando falleció incluso mandé una carta a esa perrera para decirles el error que habían cometido. Ellos me dijeron que era una de esos perros invisibles, que no llaman la atención, que nunca nadie pregunta por ellos… dos veces he hecho esta «locura» y las dos me han dado los perros más increíbles que he tenido así que ánimo a todos a adoptar un invisible de vez en cuando.
 
 
A los niños que lean la revista que les dirías. ¿Merece la pena tener un animal de compañía, qué pueden aprender de ellos?

Les diría que el mejor regalo de mi vida se llamaba Kira, me acompañó desde los 8 a los 24 años. Han pasado 14 años desde que se fue y no hay día que no dé las gracias por haberla tenido en mi vida. Los animales no solo son los mejores amigos posibles para un niño sino que, son maestros de los que aprender valores y lecciones que después te acompañan por siempre.

Hace unos días casualmente, he perdido a Selma, una perrita Jack Russel, patas cortas de catorce años. También tuve una galga que murió en un terrible accidente. Tenemos algunas cosas en común. Y me imagino que será común en muchas personas este tipo de experiencias que no se explican el por qué a ellos. Como tú dices: «La vida no es justa, simplemente es», pero para llegar a esta conclusión hace falta valor y llegar a este nivel de comprensión del dolor. ¿Cómo llegaste tú a este momento?

La vida me lo enseñó a través de mis circunstancias, la resiliencia es un músculo que hay que ir desarrollando. Cuando algo te manda al suelo de un golpe solo tienes dos caminos frente a ti: rebotar o hundirte. 

Creo que es importante darle un sentido al dolor. No podemos cambiar lo que ha pasado y no podemos cambiar el hecho biológico de que nuestros animales vivan menos que nosotros así que (con mucho dolor) aprendí que es mejor trabajar para aceptar y sanar sobre esto que no luchar en contra. Gastamos mucha energía en luchar contra lo que no podemos cambiar y creo que es más sabio luchar para gestionar lo que tenemos delante. A mi estudiar sobre el duelo, la muerte y la gratitud me ha cambiado la vida. 

Háblanos de tu libro, Espérame en el arcoíris, ¿por qué lo escribiste y para quién?
 
Espérame en el arcoíris es el apoyo que yo sentí que me faltó.  A mí se me cayó el mundo encima cuando mis peludos se fueron. Cuando perdí a Galo y a Minnie, mis perrhijos, me sentí un bicho raro ya que para muchos no era «tan grave» y yo me sentí morir. Busqué desesperadamente un libro que tratara el tema del duelo animal y me encontré que no había ninguno escrito en español sobre el tema. Así que, aunque en un principio no tenía idea de publicarlo, empecé a escribir y escribir mientras sanaba mi propio corazón roto y así nació Espérame en el arcoíris. Finalmente lo publiqué, por si podía llegar a ayudar a algún otro corazón roto como el mío, pensé que si una sola persona se sentía más comprendida y apoyada en su duelo gracias a mi libro ya todo habría merecido la pena.

Este es un duelo invalidado ya que para muchas personas es «solo un perro/gato/animal que sea» pero para una persona ese animal puede ser su familia, su pilar en la vida, su mejor amigo o su alma gemela. El duelo no debería tener escalones de gravedad, no se debería medir el dolor, lo único que indica lo que significa una pérdida para alguien es su relación con eso que ha perdido, ni el parentesco ni otras cosas por el estilo.
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